03 May 2021

La Reforma que rebosó la copa

Posted in Opinión

La Reforma que rebosó la copa

Por. Nadia Patricia Suárez V.

@SuarezNPatricia

En medio de un difícil panorama nacional, donde la pandemia ha impactado negativamente la vida y la economía de los colombianos, el pasado 15 de abril, el Gobierno radicó ante el Congreso de la República la Ley de Solidaridad Sostenible o Reforma Tributaria. Un documento de 110 páginas que propone estrategias de recaudación de fondos con el propósito de cubrir el actual hueco fiscal y aumentar programas de atención a las familias menos favorecidas a través de subsidios y mecanismos de reactivación económica.

La propuesta, que ha recibido el rechazo generalizado de la población colombiana, incluso antes de conocer el texto final, llega en un momento coyuntural para el país. Estamos exactamente a un año de las elecciones presidenciales, hay inconformismo por el manejo que se le ha dado a la pandemia y el reciente informe del DANE muestra el aumento de la pobreza, el desempleo y un número relevante de familias que no pueden suplir las tres raciones de comida diaria.

Fuente: DANE/ Pobreza Monetaria 2020.

Reforma sin respaldo

Desde el momento que se conoció la intención de crear nuevos impuestos que le permitan la liquidez que requiere el Estado, se hicieron públicos los mensajes de rechazo y la propuestas alternativas de parte de congresistas, opositores, partidos políticos, centrales obreras e incluso, líderes del partido de gobierno, el Centro Democrático - CD- estuvieron de acuerdo en la impertinencia de la propuesta.

El expresidente, como máximo líder del CD manifestó en medios nacionales su descontento por la propuesta presentada por Iván Duque. Desde el CD se presentó un nuevo documento, incluso se encomendó a Tomás Uribe la tarea de hablar con el presidente para mediar una reforma con menos impacto en los bolsillos de los colombianos. “Pedimos que no se presentara la reforma sin consensuar con los partidos, al menos con los que apoyan al gobierno, siempre expresamos nuestra preocupación que presentaran algunos puntos. Cuando presentaron eso, en las siguientes horas el partido sacó un comunicado en el cual apoyamos toda la política social que propone el gobierno, insistimos y apoyamos en todo lo que hay que hacer en términos de austeridad, pero no estamos de acuerdo con estas modificaciones de IVA, mencionamos unas como los servicios públicos, ni con afectar a la clase media colombiana con el tema de rentas a personas naturales. No estamos de acuerdo con afectar las pensiones de 7 millones, no estamos de acuerdo con afectar los alimentos de producción nacional,... Para no quedarnos en la crítica, sacamos un texto con 7 propuestas que le ayuda al Gobierno a recoger más de 12 billones para atender el problema social de la pandemia”, Álvaro Uribe Vélez, expresidente de la República.

Aquí encuentra la propuesta del CD.

Por otra parte, Congresistas como Roy Barreras, manifestaron a través de sus redes sociales, "Resumen de reforma uribista: Más impuesto a la renta. Castigo tributario a empleados. Impuesto a las pensiones. IVA a la canasta familiar. IVA a los servicios públicos. Peajes dentro de las ciudades. Que pague la clase media pero no tocan beneficios ni exenciones a megaricos. Vean el Artículo 34 de la Reforma Uribista: Pretende facultades presidenciales totales para reformar todo el Estado en el último año de un gobierno fracasado. No sólo deja hipotecado al próximo gobierno sino que lo deja amarrado a su modelo de “estado mínimo” y capital sin frenos".

Efraín Cepeda, senador por el Partido Conservador, expresó: "Entre los puntos que revisaremos detenidamente de la #ReformaTributaria, y sobre el que presentaremos proposición ya que no estamos de acuerdo, es que colombianos con ingresos mensuales a partir de $2’420.000, y de $1.694.000 después del 2023, paguen renta. Esto debe ser modificado. Entre otros temas, el #PAEF debe extenderse un año más para proteger el empleo, en especial el de las #Mipymes que han sido muy golpeadas, y más con los nuevos cierres que seguramente seguirán mientras no tengamos inmunidad de rebaño, la cual se ve lejana".

¿Reforma o virus?

En medio del tercer pico por Covid-19 que vive el país, con una ocupación de unidades UCI elevada, en algunas ciudades superior al 90%, y ante la insistencia del Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla y el mandatario nacional, para presentar y aprobar La Ley de Solidaridad Sostenible, las Centrales obreras, estudiantes, gremios, sindicatos, líderes de la oposición, ONG’s y comunidad en general convocaron a paro nacional el pasado 28 de abril.

En un país que, ante los primeros casos positivos de Covid-19, decretó una cuarentena estricta para prepararse ante la inminente llegada del virus, una medida que se dio de manera progresiva, en medio de incertidumbre y con falta de claridad sobre ¿Qué viene? Una cuarentena que se inició con un ‘piloto’ sobre qué debemos hacer en caso de un confinamiento terminó por convertirse en cuatro meses de encierro. Cuatro meses que contrario a lo que se esperaba, no solucionó los problemas de salud. En medio del confinamiento se hicieron evidentes las numerosas quincenas pendientes para el personal de salud, los hospitales en precarias situaciones y las ARL negando la entrega de trajes de bioseguridad para el personal médico.

Por otra parte, al conocerse la aprobación de la vacuna por parte de varias farmacéuticas, el presidente anunció la adquisición de 40 millones de dosis, con lo cual iniciaría la vacunación en las primeras semanas del 2021. El 15 de febrero, llegaron las primeras 50 mil dosis para iniciar el proceso de vacunación que en la actualidad va en un total de 5 millones de dosis aplicadas. Un país con 50 millones de habitantes llega al 10% en una carrera para lograr la inmunidad de rebaño (70% de población vacunada). Un programa de Vacunación que ha dejado muchas dudas ante el show mediático que llevó a la pérdida de inyectables, demoras en la entregas, "colados" en el plan. 

La indignación fue mayor que la pandemia, por eso, las principales calles del país recibieron miles de ciudadanos que salieron con tapabocas y pancartas a marchar, a protestar y a manifestar un rotundo “No a la Reforma Tributaria”. En medios de comunicación y redes sociales se dejaron registro de las multitudes que, en su mayoría, de manera pacífica se tomaron las ciudades, las calles, las plazas principales para en medio de cánticos, danzas, títeres y arengas elevar sus voces con la esperanza de ser escuchados en la Casa de Nariño por el Gobierno Nacional.

Se cumplieron tres días de marchas, de manifestar el inconformismo por parte del pueblo y por supuesto, de hechos vandálicos que en menor proporción se hicieron presentes porque la indignación es grande, porque los índices de hambre son altos, porque la represión policial también se hizo presente y porque, como dice el refrán, “un bobo encarado mata hasta a su mamá”.

El 30 de abril, en su habitual programa ‘Prevención y Acción’, el presidente de la República anunció que se modificaría la Reforma, que se sentaría con los partidos políticos a crear un nuevo documento que no contenga el IVA a la canasta familiar, ni el IVA a los servicios públicos, ni la ampliación de la base del impuesto de renta. Anuncio que no caló en el pueblo, los ánimos se habían elevado, la petición no era modificar, era retirar la propuesta.

Siguen las marchas

El primero de mayo, en el marco del Día Internacional del Trabajo continuaron las protestas, se unieron las tradicionales marchas para conmemorar la lucha obrera con las manifestaciones por la indignación nacional ante el actual gobierno.

Al rechazo de la reforma tributaria y la negativa del gobierno a sentarse a escuchar a los líderes, se le sumó la indignación acumulada ante medidas de los últimos años que claramente no representan a la inmensa mayoría de colombianos. Un pésimo sistema de salud, una red hospitalaria abandonada, vías en mal estado, incremento desmedido del precio de los peajes, aumento del costo de la canasta familiar, mal manejo de la pandemia, aumento de salario a los congresistas en medio de la pandemia, reforma pensional, reforma a la salud, auxilios a la banca en medio de la pandemia, constante incremento de la gasolina, escándalos por corrupción que terminan en nuevos impuestos (caso electricaribe), la compra de aviones de guerra en medio de la pandemia, la compra de vehículos blindados oficiales en medio de la pandemia, y la gota que rebosó la copa, una inoportuna Reforma Tributaria.

La marcha sigue, el paro sigue porque a pesar de la alocución presidencial del 2 de mayo, donde Iván Duque, le solicita al Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, retirar la Reforma y convocar al consenso para un nuevo documento, los colombianos no creen. El pueblo está enardecido porque ante los constantes llamados a negociar, la respuesta ha sido autoritaria; ante el llamado a ser escuchado, han sido ignorados. En la noche del primero de mayo, en su programa de televisión, el Presidente respondió con un llamado a militarizar las ciudades para minimizar los actos vandálicos. La marcha sigue porque se perdió la credibilidad en el Gobierno, porque ante represión la respuesta es mayor movilización, porque se necesitaron varios días de paro para ser oídos, hoy el pueblo empoderado quiere más.

El dolor de las muertes, la indignación y la desconexión del gobierno motivan las marchas hacia la exigencia de retiro de la reforma tributaria, la renuncia del Ministro de Hacienda y el retiro de la Ley 010 que afecta a la salud. Los abusos de la fuerza pública piden la renuncia del Ministro de Defensa y el Defensor del Pueblo. Hoy, la marcha anda sola, una exigencia a ser escuchados, a ser tenidos en cuenta y a tomar decisiones con las mayorías. Ya no hay representantes, no hay convocantes. La marcha, marcha sola.

Costo de la protesta

El ‘pulso’ entre pueblo y gobierno avanza, pasa factura. Es un pagaré en blanco con cálculos económicos, políticos, civiles y vidas. El costo político es la pérdida de imagen del presidente Duque, de su gabinete y la evidente pérdida de capacidad y credibilidad por parte del partido de Gobierno. La movilización muestra que hoy el pueblo se mueve solo, camina por un sentir propio sin partido político y sin líderes sindicales. Muestra de eso es el comunicado de las centrales obreras, donde informaban que el viernes terminaba el paro, que convocaban a una nueva movilización para el 19 de mayo, y el pueblo siguió marchando.

Las cifras, según Diego Molano, Ministro de Defensa, reportan (hasta el momento) un capitán de Policía asesinado, 540 policías y 306 civiles lesionados. Han vandalizado 94 bancos, 254 comercios, 14 peajes, 4 estatuas, 69 estaciones de transporte, 36 cajeros, 2 gobernaciones, 43 CAI y 21 CAI más destruidos.

Según Human Rights Internacional (@HRI_ONG), las jornadas han dejado 4.528 Llamados por violaciones a los Derechos Humanos, 309 Desaparecidos (107 Ya Aparecieron), 8 Homicidios Reportados (2 Confirmados y 6 en Verificación) y 823 Personas Heridas (41 Policías).

El saldo alentador es para la ciudadanía, que ganó al conseguir que se retire la Ley de Solidaridad Sostenible, gana al lograr el llamado al consenso para revisar el hueco fiscal y las necesidades tributarias que le den estabilidad al Gobierno. Gana al conseguir el empoderamiento, la unión y la fuerza para exigir derechos.

¿Qué viene?

Seguramente vienen más marchas, es el momento de que reivindicación entre los políticos, el gobierno y el pueblo. Es momento de que el uribismo le baje a su discurso y acepte las peticiones del pueblo. Es tiempo de una reconciliación, donde las autoridades reconozcan el abuso de autoridad y donde la ciudadanía también reconozca que el soldado y el policía hacen parte del pueblo. 

Viene una presión de los gremios y los ciudadanos para mejorar el nivel de vida y eso implica retirar la reforma a la salud, la reforma pensional y aceptar el llamado urgente a ponerle fin a la corrupción, a cerrar y judicializar los pendientes como Odebrech, Hidroituango, Puente Chirajara, entre muchos otros. Viene una concertación para el costo de la gasolina y de los peajes. Vienen sacrificios. Si la clase obrera asume impuestos, que el Gobierno también asuma su compromiso de austeridad bajando salarios y eliminando privilegios.

Es urgente un pacto nacional, una unión para recuperarnos y avanzar. Nos unimos como colombianos o nos preparamos para un paro indefinido contando víctimas fatales de lado y lado, mientras las corrupción sigue la fiesta y aumenta su desproporción.

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