08 May 2021

Urge dialogar con los jóvenes

Posted in Opinión

Urge dialogar con los jóvenes
Foto: Manifestaciones en Bogotá / Patricia Suárez V. / Mayo 6 2021

Por. Richard Aguilar Villa

Senador de la República

Pasaron setenta y tres años de que Colombia viviera un estremecimiento general como el que vive a lo largo y ancho de la nación desde el pasado 28 de abril.

Precisamente, el 9 de abril de 1948, a eso del mediodía, Juan Roa Sierra, disparó contra el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, en pleno centro de la capital de la República, y de inmediato se desató un pandemonio que arrasó, en los años siguientes, con miles de vidas y dejó inmensas pérdidas materiales y odios enquistados que aún persisten.

El estallido social que estamos viviendo no se puede atribuir a un hecho específico, sino a una serie de decisiones que lentamente incubaron una inconformidad general frente al Gobierno; primero en las capas más pobres de la población y, en las últimas semanas, en sectores de clase media alertados por un proyecto de reforma tributaria que en ningún momento se socializó, mucho menos se concertó, y que terminó alarmando a toda la ciudadanía, afectada por un año de pérdidas causadas por la pandemia. Esa fue la gota que colmó el vaso y lanzó a la gente indignada a las calles.

Pero como ocurre con frecuencia en los caos multitudinarios, entre los manifestantes se han mezclado personas que van con el claro fin de saquear locales comerciales o de cometer otro tipo de actos vandálicos, que, al final, empañan la protesta social, y que rechazamos de manera contundente.

Con el mismo énfasis nos pronunciamos en contra de la fuerza desproporcionada que han utilizado algunos miembros de la fuerza pública, lo que constituye una violación a los principios de una institución creada con el fin primordial de salvaguardar la vida de los ciudadanos, cuya indignación no debe ser estigmatizada ni reprimida en la forma en la que algunos miembros de la autoridad lo han hecho: al cierre de esta columna distintos medios y redes sociales mencionan 24 muertos, 90 desaparecidos y cerca de mil heridos.

También ha muerto un capitán, luego de recibir varias heridas de arma blanca por vándalos; más de 600 policías han sido lesionados, de los cuales 464 uniformados tienen contusiones, 93 han sido heridos con arma corto punzante, 3 con arma de fuego y 15 por artefactos explosivos o acción incendiaria, de ellos 25 continúan hospitalizados.

Cifras escalofriantes y muy tristes para la democracia más antigua del continente.

Por la gravedad de estos acontecimientos es necesario buscar una salida que reafirme los valores democráticos de nuestra nación. En estos momentos es necesario declinar intereses personales o partidistas y pensar en la unidad nacional para salir adelante sin que se sacrifiquen más vidas. No más llamados al odio. Debemos erradicar la polarización y trabajar como hermanos que somos de esta gran nación para construir una agenda de empleo, para enfrentar la pobreza, para reactivar la economía y para equilibrar las finanzas públicas.

Es el momento de abrir un gran diálogo nacional de verdad para que, entre todos, encaminemos al país por una senda de progreso mediante un gran proyecto en el que participen el Gobierno, los voceros de la protesta social, los partidos y los gremios; sin distingo políticos, de credo, raza ni género, y en el que se apliquen iniciativas apropiadas para atender a este país multiétnico y pluricultural, como lo define nuestra Carta Magna.

Y en este gran dialogo nacional se debe priorizar el dialogar con los jóvenes, pues son los jóvenes los grandes protagonistas de estas movilizaciones y no los podemos poner a esperar hasta el 12 de mayo para dialogar con ellos, como aparee en el cronograma de diálogos que abrió el Gobierno desde este 4 de mayo.

Sueño con ese país jalonado en la misma dirección por una fuerza común, y en el que todos cumplimos con una labor específica, una más especializadas que otras, pero todas con una retribución justa.

Ese es el país en el que debemos pensar: con una renta básica para los más vulnerables, educación gratuita y de calidad, con salud, vías, impulso a la cultura y posibilidades de crear empresa en la ciudad y en el campo para compartir la pobreza. Parece difícil, pero no lo es si empezamos a anteponer el bienestar de la ciudadanía a los intereses personales.

Compartir esta página